Día de la Lealtad: “La política exige no mentirle a la gente”

La fórmula del Frente de Todos encabezó una multitudinaria convocatoria con gobernadores en La Pampa para conmemorar una fecha clave de la liturgia peronista. “Vamos a tener que saber en qué se fue la plata del endeudamiento de estos años”, advirtió Cristina Fernández. El mensaje federal y los guiños institucionales a los líderes provinciales del PJ.

Alberto Fernández llevaba unos quince minutos en el micrófono. El sol empezaba a ocultarse por detrás del escenario. Desde las primeras filas del parque de la laguna Don Tomás los manifestantes de varios puntos del país –convivían allí pampeanos y neuquinos- observaban a quien probablemente gobernará la Argentina en menos de dos meses. En un momento empezó a escucharse el cantito “Presidenteee/ Alberto presidenteeee”, nuevo clásico de la campaña. El candidato del Frente de Todos acababa de citar al gobernador anfitrión, Carlos Verna, para advertir que la batalla contra Mauricio Macri no debe darse por ganada. No todavía. “Estamos cerca pero todavía no hemos llegado”, había dicho. Y justo entonces, tras referirse a la necesidad de revitalizar las PyMEs, recuperar el empleo y combatir el hambre, Fernández avisó que estaba por concluir su discurso. “Con esto termino. Me estoy quedando sin voz, sean piadosos”, deslizó desde el micrófono. Pero siguió un rato más.

La muchedumbre, al menos los asistentes que lo miraban apenas a tres metros, mantuvo un ida y vuelta bastante curioso con el hombre que en diez días los representará en las urnas. Era como si quisieran transmitirle fuerza. Ratificaban en la acción, sin pensarlo demasiado, la esperanza que depositan en él. “¡Vos podés, vos podés!”, “No queremos chicos con hambre”, “Vamos Alberto, carajo” y “¡Te vamos a ayudar!” fueron algunos de los gritos que recibió el postulante del FdT y que Tiempo presenció desde la posición más codiciada del evento: al pie del palco, en una suerte de pasillo de seguridad, a la distancia de un apretón de manos.

Fernández había llegado una hora antes hasta esa superficie verde a la vera de la laguna que los vecinos de la capital pampeana utilizan los fines de semana. Compartió la entrada al escenario con su compañera de fórmula. Con CFK se había encontrado un rato después de aterrizar, en el cuarto piso del Hotel Mercure, donde ella se había alojado la noche anterior. Desde allí se trasladaron en una combi. Campera liviana, camisa blanca sin corbata, pantalón oscuro y botas negras, el candidato presidencial profundizó sobre lo que ya es un pilar de su mensaje a los argentinos. “Lo que queremos es que las pequeñas y medianas empresas levanten sus persianas y vuelvan a producir. Queremos que esas PyMEs les devuelvan el trabajo al que no lo tiene. Que las familias desayunen, almuercen, merienden y cenen en sus casas”, remarcó en lo que puede leerse como otra ratificación de los ejes de un eventual nuevo gobierno, al menos para los primeros cien días.

En el tramo más duro y confrontativo de su mensaje, Fernández cuestionó lo que definió como  mentiras de Macri. Pero en toda esa argumentación no lo mencionó nunca por su apellido. Se dirigió a su rival llamándolo “presidente”. El mismo recurso utilizó durante el debate en el paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, hace cuatro días, en la ciudad de Santa Fe. “Yo espero que hayamos aprendido que la política no es prepararse haciendo coachings para mostrarse ante una cámara diciendo lo que la gente quiere oír. La política, entiéndalo presidente, exige no mentirle a la gente. Exige comprometerse con la gente. Se ha cansado de decir mentiras. Llegó mintiendo y va a un debate y sigue mintiendo. Y dice que tomó la deuda que tomó para pagar la deuda que contrajimos nosotros. No hay que tener vergüenza para decir semejante cosa. Hay que ser un desvergonzado para decir eso”, cargó con todo Fernández y la muchedumbre lo premió con una de las ovaciones de la tarde.

Otro clásico de la campaña de Fernández es el llamado a construir un país federal. Santa Rosa no fue la excepción: el párrafo en que se refirió a la descentralización de la estructura del Estado recibió otra vez aplausos y muestras de aceptación por parte de los gobernadores. “Lo que los argentinos queremos es volver a vivir en un país federal, en el que todos nos integremos. No hay un país central y la periferia. No existe la periferia en la Argentina. Somos todos argentinos, tenemos que construir un país”, puntualizó el candidato.

Los jefes territoriales estaban sentados en banquetas en el sector izquierdo del escenario. Los acompañaban algunos legisladores nacionales, como el senador por Córdoba Carlos Caserio (cuya relación con Fernández se profundiza en la medida en que Juan Schiaretti se mantiene distante); el diputado y titular del PJ, José Luis Gioja; sus pares Daniel Scioli y Felipe Solá, entre otros invitados.

Entre los gobernadores se veían sonrisas. Allí estaban Hugo Pasalacqua (Misiones), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Juan Manzur (Tucumán), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Sergio Casas (La Rioja), Mariano Arcioni (Chubut), Sergio Uñac (San Juan) y Gildo Insfrán (Formosa). La lista de personalidades que subieron al palco se completaba con el diputado y candidato a gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof (el más aplaudido de todos; seguido por Scioli y por Verna, en ese orden); la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti; la diputada y sobrina nieta de Evita Cristina Álvarez Rodríguez; el gobernador electo en La Pampa, Sergio Zilotto; y la ex diputada nacional por La Pampa María Luz Alonso, conocida como “Luchy”, referente de La Cámpora en la provincia.

Fuente: Diario Tiempo Argentino